07Mar2010
Cito y modifico/adapto la descripción del libro My Own Business Card desde Indexbook:
El proyecto más ambicioso de cualquier diseñador es, sin duda, diseñar para uno mismo. Los verdaderos retos son ser su propio cliente, saber distanciarse y encontrar el equilibrio exacto entre imagen y estrategia. Estas limitaciones explican por qué los resultados son casi siempre sorprendentes.
Todos pasamos por este momento alguna vez en nuestra carrera profesional. Resulta complicado trabajar de una forma tan libre: tú marcas los límites y tú mismo los amplías. Es, a la vez, más fácil y complicado que trabajar con un cliente por la libertad que te permite en cuanto a criterios y tiempos. Por ello es imprescindible ser más estrictos si cabe que con el cliente en cuanto a los objetivos marcados y tiempos establecidos.
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04Mar2010
De un tiempo a esta parte, muchos han intentado eliminar toda traza de intervención humana en sus obras gráficas. Años más tarde, con nuevos medios que posibilitan tal efecto sin esfuerzo alguno, otros se esfuerzan en simular humanidad y espontaneidad, como bien explica Mauro Enrialgo en una de sus viñetas. Ambas tendencias han ocurrido, en el mismo orden, en el diseño gráfico de las páginas web.
Al principio, una vez asentada Internet como una red seria en la que confiar parte del negocio (que acabó desembocando en el estallido del a burbuja punto com), las páginas debían representar la modernidad y el acabado perfecto y pulido. Asocio esta etapa al Futurismo debido a esas ansias de velocidad y modernidad; conceptos tan plásticos como “superautopistas de la información” lo resumen todo, incluido el toque kitsch que adornaba a muchas páginas.
Tras el estadillo punto com, surgió una nueva tendencia liderada de redondeces, brillos y pulidos, según algunos, por Apple. Dicha tendencia acabó degenerando en la mal llamada –por confundir conceptos: lo gráfico con las consecuencias relacionales– Web2.0. Aquel look, que podríamos comparar en este caso al Styling (vender como nuevo un mismo producto pero con un nuevo aspecto) se puso de moda, y estuvo bien visto durante un tiempo hasta que, como toda moda, acabó dejando de estar vigente y empezó a ser demonizada como, por ejemplo, el siempre interesante Elliot J. Stocks (Destroy the 2.0 look).
Como consecuencia o contrapunto a aquellos brillos y acabados imposibles en chapas que anunciaban que el producto o página visitada era “2.0″ o que estaba en fase “beta” (¿alguien compraría en su sano juicio un coche sin comprobar o una casa a medio hacer?), empezó a destacar una nueva tendencia. El trazo manual, la textura, las acuarelas, el trazo imperfecto, etc. son sus características. Web Designer Wall (otra referencia del sector y de lectura recomendable) adopta dicho aspecto a la perfección.
La última tendencia que hemos venido a descubrir es la de analogizar los elementos puramente digitales. Las interfaces gráficas digitales pasan a ser interfaces gráficas analógicas. El mejor ejemplo que logro recordar es de Yahoo! Searchpad. ¡Ey! ¡Eso mola! Y es cierto, tiene su gracia la primera vez que lo ves. Es algo así como las transiciones del PowerPoint, el uso de GIF animados o el abuso de Flash o esa música no deseada que suena de fondo en una página. Sin embargo, no es una estética que pueda triunfar en el gran mercado. Tiene su gracia en un formato muy determinado, el vídeo, y el guiño lo entiende principalmente el sector más avanzado que, finalmente, acaba prefiriendo un aspecto más común y usable.
Los grandes ciclos artísticos, y los pequeños, tienen siempre en común un hecho: son ciclos, se turnan, se contraponen y alternan. ¿Cuál será la siguiente tendencia?
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20Feb2010
Ay, ¡el mundo del marketing! Desde él, se nos vende un mundo de perfecta utopía donde todo es de color de rosa. Y es que vender es la clave y el objetivo último del marketing. Para reforzar las posibilidades de éxito, dirigen sus mensajes adónde más nos duele: el corazón.
¿Qué no haríamos todos por amor? Locuras se han hecho y se harán por y para él. Pero, pensándolo bien, resulta más cómodo ir y comprarle algo a nuestra pareja. Cómodo y menos arriesgado. Los chicos del marketing lo saben: el ser humano es apasionado, pero también –cada vez más– comodón.
Ahora bien, ¿cuánto me gasto? No quiero parecer cutre gastándome “poco”, ni derrochar a espuertas y que piense que no sé gestionar adecuadamente el dinero.
Apple tuvo a bien solucionarme el quebradero de cabeza y me ofreció una sencilla solución –como sus diseños– para San Valentín: tanto gastas, tanto quieres a la otra persona. ¡Qué pillos!

Recordad: no seáis cutres, no regaléis un iPod Shuffle.

Dear Apple, don’t get mad at me
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